27 de septiembre de 2009

Ni contigo ni sin ti


No sé si saben que no hace mucho golpearon al obispo de Guadalajara y cuando monseñor fue a presentar la denuncia no le dejaron referirse a sí mismo como “autoridad”, sino como un civil más. Me parece bien, humanismo, aquí hay que aprender a ignorar lo que digan los de los faldones y los capirotes. Pero para pretender ignorarles – como dicen los líderes del anticlericalismo – deberían dejar de hablar de ellos, no es el caso de algunos que parecen no poder vivir sin hablar del clero. El pasado viernes 25, los señores diputados – que con tanta crisis, tienen tiempo libre – discutían sobre si reprobar o no al Papa. La cosa la inspiró Joan Herrera, que dice que Benedicto XVI hizo apología del SIDA en África. No me voy a molestar en discutir sobre lo que dijo y dejo de decir el papa, pero tiene su gracia que le importe tanto lo que dice Su Santidad a quién alardea de pasar de todo lo que diga El Vaticano. Si les interesa la votación no prosperó, puesto que sólo votó a favor el susodicho, el resto se dividió entre los que votaron en contra y los que pasaron del tema recordando que el congreso tiene mejores cosas que hacer que ir reprobando a mandatarios extranjeros – quiero decir – a civiles extranjeros.




Dejo al de la bici para hablar de medios, dónde seguimos encontrando más casos de gente que dicen pasar de la Iglesia y pero no paran de hablar de ella, como es el caso de don Juan José Millás, que el mismo día en el que se votaba lo del Papa, contaba en EL PAÍS una especie de sueño en el que un denominado “presidente de la Conferencia Estomacal” salía a la cacería de ZP “por obligar a abortar a las niñas de 16 años”. Leyendo a Millás se me viene a la mente aquel programa en la SER dónde Millás y Sol metieron grabadoras en confesionarios y se regodearon leyendo y reproduciendo lo ocurrido ante los oyentes. Y un cura – tan antipático él – llamó pidiendo respeto (video). En todo caso si Millás quería denunciar a los que han salido a la cacería de ZP podría empezar preguntándole al consejero delegado de la empresa para la que escribe.

Para terminar por artículos curiosos – aparte del desafortunado “Heil” de Tomás Cuesta en ABC – tenemos otra columna de EL PAÍS el miércoles (23) de Moncho Alpuente, amigo íntimo de la presidenta Esperanza Aguirre. Digo “amigo” porque Alpuente sabe cómo piensa, su sensibilidad religiosa, sus criterios morales, su visión del 68, lo sabe todo de ella, así que la única explicación que yo he encontrado es que es su vecino o su ex novio. Dice el amigo de Aguirre que la enseñanza que él sufrió en colegio religioso era una educación basada en los tradicionales principios cristianos del “quién te quiere te hará llorar” y “la letra con sangre entra” ¿Eso son principios cristianos? Son dichos populares, el primero mexicano y el segundo británico, que me da que no figuran en ningún Evangelio. Si podemos inventarnos principios y adjudicárselos a quién queramos, yo puedo inventarme uno y decir que es de Alpuente: “Tú mancha, que algo siempre queda”.


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