Afortunadamente vivimos en una época plena de opciones, en la que resulta fácil conseguir cuanto deseamos.
Por ejemplo: Podemos conversar con quien queremos, a cualquier hora, desde cualquier lugar.
Quizá por eso ya no sorprenda el grado de concreción, y capacidad de síntesis que usan las parejas, actuales.
No me refiero a las largas y aburridas conversaciones de los mayores, las de esos añejos matrimonios probados por mil fatigas. Me refiero a esas frescas y modernas relaciones, experiencias, rollitos, o como demonios quieran llamarse.
Si auscultáramos a través de esa membrana (antes se llamaba tabique), que nos une a cualquiera de nuestros vecinos, un día laborable después de las 21:00 horas, constataríamos que en nuestro nuevo siglo, se han alcanzado cotas difícilmente superables en síntesis de comunicación interpersonal.
Ahí va un ejemplo:
-Un fuerte portazo rompe el silencio de 13 largas horas de uno de estos niditos. Bueno…. más que romper se integra entre los grititos de la “Oreja de Van Gogh”
- ¡Ya estoy aquiiiii!
- ¡Yo tambiénnnnn!
-Prosiguen los grititos de la Oreja (en estos niditos el silencio está prohibido) solo superados por el golpeteo de puertas, y posiblemente de cajones.
-Atención… surge una nota discordante; Ah, ya… es el ruido de la cisterna, precedido de una discreta ventosidad muy bien acogida por un clamoroso:
- ¡Halaaaaaaa!
- ¡Pues es saníssssimoooo!
-Nuevamente renace y se prolonga el protagonismo de la Oreja.
-No se… quizá sea una pausa reflexiva (la supongo dada su duración)
-Error de apreciación. Al parecer no era una pausa reflexiva, otra descarga de cisterna nos descubre que aquello, sin duda, era una pausada evacuación, seguramente con lectura incluida.
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