14 de junio de 2010

Muy... sulmanes


Hace no mucho hubo un incidente en la mezquita de Córdoba que si bien saltó a los medios, desapareció pronto de la mente de los españoles. Lo recordaré someramente: Un grupo de musulmanes organizaron un grupo de oración clandestino que se saldó con un guardia apuñalado y el "imán" detenido.
Los musulmanes disueltos reclamaron el uso litúrgico (para su religión, evidentemente) de la mezquita de Córdoba, alegando derechos históricos sobre la misma. Por otra parte el obispado de Córdoba (dueño de la mezquita) ha reiterado su oposición a permitir la práctica del Islam en la misma.
Uno podría pensar que es lógico que musulmanes reclamen rezar en una mezquita, al igual que lo sería que cristianos hiciesen lo mismo con una iglesia, uno podría sentir que hay cierto grado de justicia en la concesión, o hasta sentir cierta simpatía por ese "pueblo" expulsado de estas fantásticas tierras... Pues lamento decir que ese uno se equivocaría, pues nada hay más injusto que su petición. ¿Que qué intolerante? Ya veremos...
La Mezquita de Córdoba fue construida sobre una antigua basílica visigoda, que fue destruida por completo (lo que queda de ella se reduce a una porción de suelo encontrado en una excavación). La actual mezquita, por lo tanto, no fue el primer templo en la zona, como reclaman las asociaciones musulmanas. Por otro lado, la catedral cristiana está dentro de la propia mezquita, no sobre ella. Cuando los cristianos recuperaron el templo, sacralizaron la mezquita y establecieron la Iglesia dentro, respetando la armonía del edificio: no lo destruyeron, sino que conservaron su mayor parte.
La mezquita-catedral de córdoba (pues, efectivamente, en la catedral de la misma se celebra misa a diario) no es sólo un museo con una iglesia dentro, es un símbolo. Simboliza el momento de máximo poder musulmán en la península, simboliza así mismo dos maneras de ver el mundo: mientras los musulmanes arrasaron por completo la basílica, los cristianos respetaron lo que el templo tenía de respetable (su hechura, su arquitectura y obras de arte); mientras que una simbolizaba la imposición por las armas de un credo concreto, la otra simboliza el respeto debido a Dios y al hombre. Cuando Fernando III tomó la ciudad y dio una semana a los moros que no deseasen convertirse para abandonarla, estaba estableciendo la superioridad de una manera de ver la vida, de una forma de pensar totalmente distinta a la otra.
Así por ejemplo, mientras Al-Ándalus y sus taifas fueron incapaces de algo distinto al despotismo oriental hasta su misma extinción, el reino de León establecía un hito al inaugurar las primeras cortes democráticas del mundo en una fecha tan temprana como el 1047.
No es sólo un simple templo, no está sacralizado porque sí, y no se niega el culto por intolerantes. Ni el cristianismo ni el Islam han cambiado su forma de ver el mundo en estos siglos y no se puede pretender, por mucha buena voluntad que se tenga, que la otra forma de vida vaya a respetarnos tanto como nosotros a ella: lo de la libertad "per se" es algo que inventó nuestra sociedad; lo del respeto al ser humano, también, y los musulmanes que trataron de recuperar por la fuerza la mezquita, sin importarles derramar sangre "infiel" en su "templo sagrado" son el mejor ejemplo de todos.

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