A lo mejor has pensado alguna vez, repasando al final de un año tus resultados académicos o laborales o deportivos o de cualquier tipo, que has fracasado al no sacar buenas notas, no haber conseguido un ascenso o no haber ganado un partido. Pues bien, es mentira. Siento quitarte la ilusión de poder autodestruirte pensándolo todo el verano, pero no es verdad. Tú no fracasas cuando algo de esto te sale mal, por la simple razón de que tú no eres eso. Tú no eres las notas ni los ascensos ni los partidos ni los concursos. El mundo trata de engañarte y de hacerte pensar que sí, que vales exactamente lo que eres capaz de conseguir. “Tanto tienes, tanto vales”. Parece que si no consigues muchas cosas eres menos o no eres nadie.
Pero tú vales mucho más. Esas cosas que, por lo que sea, no has sido capaz de lograr forman parte de tu vida, es cierto, pero no son tú. Pueden ser muy importantes en un momento determinado, pueden suponer una mejora de tu “calidad de vida”, conseguir una beca o el reconocimiento de la gente que te rodea, pero no te dejes timar. Quita esos triunfos de tu vida y verás cómo tú sigues siendo verdaderamente tú. La gente que te quiere de verdad te seguirá queriendo, ganes o pierdas. Los que se alejaron de ti cuando algo te salió mal eran solamente “fans” deslumbrados por el falso resplandor de victoria con el que te había recubierto este mundo materialista.
Pero no significa que ahora tengas que dejar de esforzarte por obtener buenos resultados en las actividades que compongan tu día a día. Total, da igual. No, todo lo contrario. Significa que ahora puedes elegir entre hacer de tus triunfos la base de tu vida, de manera que parezca que no tienes nada más valioso que eso (lo que supondrá necesariamente que te hundas en cuanto dejes de triunfar y, créeme, dejarás de triunfar alguna vez) o mirar más allá del envoltorio y descubrir que las cosas que haces no tienen mucho valor por lo que son en sí mismas, sino por el amor que pones en ellas y por el amor que eso genera. El amor es lo único que te quedará cuando todo se apague. Ama y haz lo que quieras.
Pero tú vales mucho más. Esas cosas que, por lo que sea, no has sido capaz de lograr forman parte de tu vida, es cierto, pero no son tú. Pueden ser muy importantes en un momento determinado, pueden suponer una mejora de tu “calidad de vida”, conseguir una beca o el reconocimiento de la gente que te rodea, pero no te dejes timar. Quita esos triunfos de tu vida y verás cómo tú sigues siendo verdaderamente tú. La gente que te quiere de verdad te seguirá queriendo, ganes o pierdas. Los que se alejaron de ti cuando algo te salió mal eran solamente “fans” deslumbrados por el falso resplandor de victoria con el que te había recubierto este mundo materialista.
Pero no significa que ahora tengas que dejar de esforzarte por obtener buenos resultados en las actividades que compongan tu día a día. Total, da igual. No, todo lo contrario. Significa que ahora puedes elegir entre hacer de tus triunfos la base de tu vida, de manera que parezca que no tienes nada más valioso que eso (lo que supondrá necesariamente que te hundas en cuanto dejes de triunfar y, créeme, dejarás de triunfar alguna vez) o mirar más allá del envoltorio y descubrir que las cosas que haces no tienen mucho valor por lo que son en sí mismas, sino por el amor que pones en ellas y por el amor que eso genera. El amor es lo único que te quedará cuando todo se apague. Ama y haz lo que quieras.
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