7 de febrero de 2010

Tu mismo

Si tuviera que nombrar la enfermedad que afecta a más gente a día de hoy, esa sería la de múltiple personalidad.

Porque para el marrón que es ser tú mismo con tus heridas, qué mejor solución que empezar de cero, hacer que nunca existió lo malo, e inventarte una nueva personalidad.

Qué marrón...el marronazo el de llevar a tus espaldas los errores, tragedias infligidas y culpas autofustigantes a tus espaldas para el resto de tu vida.

No quiero. Que me niego. Nein, non. Que no ¿Por qué no a otro?

Pasa palabra: adiós a mí mismo, hola a mi nuevo yo. Y así cada vez que, por una razón u otra, nos hieren, o peor aún, nos herimos a nosotros mismos.

Qué costumbre tan insana de no afrontar nada. Nunca. Al final, tu personalidad verdadera, la llena de heridas, acaba teniendo mil parásitos de otras mil personalidades ficticias que le succionan la vida y acaban por empeorar las heridas del moribundo.

Afronta. Mírate. No te culpes por el mal que te infligieron. No te odies por el mal que hiciste. Y, ante todo, no pierdas la esperanza: el mundo que te rodea está lleno de gente buena...aunque el mal triunfe porque sea esa misma gente buena la que no hace nada por impedirlo. Tan sólo recuerda que no estás sólo y que, en el fondo, quien no asume su propia cruz, nunca llegó a asumir la más patente verdad de su vida.

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