Hay algunos días en que nada te sale bien, en que preferirías no haberte levantado o haberte vuelto a la cama justo a tiempo para evitar el torrente de calamidades que te sucede después. Son esos días en los que te planteas muchas cosas, en los que te preguntas por el sentido real de casi todo lo que haces, y un enorme “¿por qué?” te inunda la cabeza… Tendemos a pensar que son días nefastos, que nos ha mirado un tuerto o que nosotros mismos tenemos la culpa de todo por nuestra incompetencia. Pero no es el fin del mundo. Son pruebas. Y las pruebas, por definición, son duras, pero no insuperables.
Lo cierto es que, si nos quedamos en la cama, como nos gustaría, no solucionaremos nada. El problema, que es nuestro problema, seguirá ahí, agazapado, esperando a que algún día reunamos el coraje suficiente para ponernos en pie y plantarle cara. ¿Se quedó Hércules durmiendo en el Olimpo esperando a que otro semi-héroe de tres al cuarto hiciera los trabajos que le habían encargado a él? ¿Prefirió Moisés taparse los oídos ante el mensaje de Yahveh y volver a su tienda con sus ovejas deseando que Dios llamara a otro? ¿Se negó el príncipe a besar a Blancanieves cuando sabía que sólo él y ningún otro príncipe podría salvarla? Tal vez todos ellos se plantearon huir, apagar el despertador y seguir durmiendo, pero ninguno lo hizo. Porque algo tiraba de ellos más que la pereza, porque algo les animaba en su desesperación, porque ya sabían que iba a ser duro, pero, también, que, al fin y al cabo, sólo ellos podrían hacerlo y nadie más, por más fuerte, bueno, rico o capaz que fuese. Porque habían sido llamados y elegidos para esa misión.
La próxima vez que pienses que una situación te supera, cae rápido en la cuenta de que nadie va a venir a sustituirte, porque es TU prueba. Seguro que se te ocurre un montón de gente más apropiada y en mejores condiciones para resolverla que tú, pero eres precisamente tú el que ha sido llamado… Por algo será. Quizás sea tu propia debilidad e incompetencia el punto de partida adecuado, quizás tengas que confiar más. Esto se llama vocación y es solamente para ti, ¿aceptas el reto?
Lo cierto es que, si nos quedamos en la cama, como nos gustaría, no solucionaremos nada. El problema, que es nuestro problema, seguirá ahí, agazapado, esperando a que algún día reunamos el coraje suficiente para ponernos en pie y plantarle cara. ¿Se quedó Hércules durmiendo en el Olimpo esperando a que otro semi-héroe de tres al cuarto hiciera los trabajos que le habían encargado a él? ¿Prefirió Moisés taparse los oídos ante el mensaje de Yahveh y volver a su tienda con sus ovejas deseando que Dios llamara a otro? ¿Se negó el príncipe a besar a Blancanieves cuando sabía que sólo él y ningún otro príncipe podría salvarla? Tal vez todos ellos se plantearon huir, apagar el despertador y seguir durmiendo, pero ninguno lo hizo. Porque algo tiraba de ellos más que la pereza, porque algo les animaba en su desesperación, porque ya sabían que iba a ser duro, pero, también, que, al fin y al cabo, sólo ellos podrían hacerlo y nadie más, por más fuerte, bueno, rico o capaz que fuese. Porque habían sido llamados y elegidos para esa misión.
La próxima vez que pienses que una situación te supera, cae rápido en la cuenta de que nadie va a venir a sustituirte, porque es TU prueba. Seguro que se te ocurre un montón de gente más apropiada y en mejores condiciones para resolverla que tú, pero eres precisamente tú el que ha sido llamado… Por algo será. Quizás sea tu propia debilidad e incompetencia el punto de partida adecuado, quizás tengas que confiar más. Esto se llama vocación y es solamente para ti, ¿aceptas el reto?
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