Hace unos días Pablo Motos llevó a su programa de Cuatro una clase de invitado poco habitual: un joven con síndrome de Down. El chico lo hizo muy bien, se defendía con soltura en el plató y encajaba con gracia las preguntas impertinentes de las “hormigas”. Si a Homero se le echó en cara el haber proyectado en los dioses del Olimpo las pasiones más viles del ser humano, algo parecido podríamos decirles a los creadores de las “hormigas”, que, parece, han decidido empaquetar en pequeños cuerpecitos morados los excesos de toda la plantilla de colaboradores del show. Por lo menos los griegos tenían sus razones para pensar que los dioses cometían excesos, pero ¿qué razón tienen ellos para fomentarlos tan alegremente? Supongamos que será por tácticas de mercado, así los consumidores reducen su nivel de exigencia y se tragan lo que sea, incluso a Flipi travestido con esa alegría primaveral que lo caracteriza a él y a su desaliñado pensamiento.
Volvamos al tema del joven invitado. Me hubiera encantado preguntarle su opinión acerca del brutal bajón de nacimientos de niños con síndrome de Down en España durante los últimos años. Con el plus de emoción que supone soltar la pregunta en un programa de tal factura, y de semejante cadena de televisión. Sería una bomba de sensaciones, un cúmulo de impulsos que nos llevarían directos la publicidad y “volvemos en un momento, cuando la barba de Pablo vuelva a tener un color indefinido”. Quizá, no se, a la vuelta de los anuncios aparece un mamarracho vestido de Leonidas y nos cuenta cómo los espartanos arrojaban a los recién nacidos discapacitados desde el pico del Monte Taigeto, para que no fueran un estorbo que restase fuerzas en la formación de los mejores, aquellos irán a la guerra y morirán en ella en nombre de Esparta, como auténticos héroes. Luego podría salir Flipi (travestido, por supuesto) y entonar ese honorable himno del “nosotras parimos, nosotras decidimos”, mientras que el público aplaude enfervorizado por la escena grotesca de la que participan con sus alaridos habituales. Y, ya que estamos, Pablo podría concluir al estilo Leonidas, con mucho orgullo: “Esto es Esparña”.
Volvamos al tema del joven invitado. Me hubiera encantado preguntarle su opinión acerca del brutal bajón de nacimientos de niños con síndrome de Down en España durante los últimos años. Con el plus de emoción que supone soltar la pregunta en un programa de tal factura, y de semejante cadena de televisión. Sería una bomba de sensaciones, un cúmulo de impulsos que nos llevarían directos la publicidad y “volvemos en un momento, cuando la barba de Pablo vuelva a tener un color indefinido”. Quizá, no se, a la vuelta de los anuncios aparece un mamarracho vestido de Leonidas y nos cuenta cómo los espartanos arrojaban a los recién nacidos discapacitados desde el pico del Monte Taigeto, para que no fueran un estorbo que restase fuerzas en la formación de los mejores, aquellos irán a la guerra y morirán en ella en nombre de Esparta, como auténticos héroes. Luego podría salir Flipi (travestido, por supuesto) y entonar ese honorable himno del “nosotras parimos, nosotras decidimos”, mientras que el público aplaude enfervorizado por la escena grotesca de la que participan con sus alaridos habituales. Y, ya que estamos, Pablo podría concluir al estilo Leonidas, con mucho orgullo: “Esto es Esparña”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario