Esperas a que se haga de día, a que se haga de noche, a que llegue el jueves, a que sea tu cumpleaños o a estar por fin en casa, tranquilo, después de un largo día de trabajo. Mañana será otro día, entonces sí que voy a estar bien, ya verás cuando termine esto, ya verás cuando empiece aquello, es cuestión de tiempo… Y esperamos a tener algún día el tiempo libre suficiente para tomar las riendas de nuestra vida y ponernos en marcha. No nos damos cuenta de que ya estamos caminando, permanentemente, casi inconscientemente, sólo pensando en ese hito del camino que se ve a lo lejos, seguros de que, cuando lo alcancemos, nuestra vida será mejor y más feliz. ¿Y mientras tanto? Nos vamos perdiendo los guijarros del suelo que pisamos, la belleza de los atardeceres y los amaneceres, el viento y el canto de los pájaros. Sólo nos importa llegar.
La Beata Carmen Sallés decía “Haz lo que haces y hazlo bien”, fíjate en todos los detalles del camino que vives, disfruta de ellos justo en el momento en que los vives, luego será tarde. ¿Por qué esperar? Si tú quieres, aquí y ahora, lo que te rodea puede ser lo más hermoso de tu vida y cada palabra, cada movimiento, cada decisión será diferente y nunca más inconsciente. El secreto es el amor. Llena de amor hasta rebosar todo lo que haces y será entonces, no después de llegar a tu meta particular, cuando descubras que tu camino ya está sembrado de felicidad y que todo tiene sentido si es por amor. Hagamos nuestras las palabras del cardenal Van Thuan: “… tengo miedo de perder un segundo viviendo sin sentido”, tengamos miedo de perder un segundo viviendo sin amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario