13 de octubre de 2009

Díálogo entre besugos (2ª Parte)

Pero… nuevamente se restablece la comunicación.
A: ¡¡¡Otra vez se me ha colgao!!!...¡¡¡Mierda de portátil, ya va siendo hora que me lo cambien!!!... ¿Puedes bajar un poco esoooo?

Un sonoro ¡Pipiruli-pi Pipiruli-pi Pipiruli-pi...! genera alarma, actividad, tensión…

A: ¡Será tu madreeeee… había dejado un mensajeeeee!
B: ¡Vooy!... ¡Voooooy!... ¡Vaya rollo!... ¡Siiiiii!... Mama soy yo!... Si… Si…Ya… Si…Ya…Ya…Vale… ¿A las tres?… Si… No, no… Buenoooo… Ya… si… siiiiii… Buenooooooo… Buenas nochesssssss…

Y una desganada voz aclara:
B: ¡Era mi madree!... ¡Comida el domingo!... ¡Voy a ver que ponen!

Comienza una inacabable cadena de rugidos, disparos, voces…
B: ¡No se tu, pero yo no voy a cenarrr!...¡Me tomaré algo y me valeee!

Diversos ruidos confirman una rápida actividad y….

B: ¡A mi con esto me valeeee!

Seguido de un bostezo descarado y un:

B: ¡Yo macuestooo!... ¡Me lo acabo en la cama!... ¡Mañana tengo reunión!... ¡Baja la tele!
A: ¡¡Valeeeee!!... ¡¡Bordeeeee!!
B: ¡¡Pasoooo!! Y un último “Que taguante tutia” suena casi como un eco en tono sombrío.

Es sublime, tanta capacidad de síntesis. Sin duda alguna, una correcta modulación de voz, suple con ventaja la inútil verborrea de tiempos pasados.

Los comportamientos gestuales se demuestran superfluos, hasta es prescindible el contacto visual. Me atrevería a predecir que nos acercamos a un nuevo modelo de convivencia “la intimidad entre invisibles”. Sin duda un gran logro.

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