En el supuesto, y se que es mucho suponer, que estos entes, experiencias o rollitos, consiguieran procrear, y se reprodujeran, sus retoños innovarían el mundo de la comunicación interpersonal. Desgraciadamente un inexplicable impulso les lleva a sacrificar su descendencia.
Actualmente se discute si el fruto de su sexualidad sería un “ser humano”, o “un ser vivo”
Lo planteo, ya que una ministra española lo ha definido como “ser vivo”, obvio por otra parte, si se refiere al ser concebido entre humanos antes de ser sacrificado.
Pero también podría suceder, que el ser concebido fuera de una nueve especie, que yo llamaría humanoide (de momento no me viene otro nombre más creativo)
Si procrearan estos vecinos nuestros, podrían dar origen a una élite de humanoides, capaces de subsistir emparejados de modo “permanente” sin dificultad en “soluciones habitacionales de
Pero claro está que primero debiéramos definir el significado que tiene para ellos la palabra “permanente”.
Yo le aplicaría una segunda acepción, porque la primera les resultaría excesivamente prolongada. Seguramente que se les ajustaría mejor a su inquieta personalidad, definir como “permanente” un estado de duración indefinida pero ajustable en el tiempo a voluntad.
¡Ya se que coincide con la definición de “provisional”! Pero hay un matiz importante que las diferencia, y es que cuando alguien tiene un compromiso “permanente” no se fija límite alguno.
Mientras que si de partida su compromiso es “provisional”, parece como que no se compromete, y queda menos bonito.
¿Os suena aquello de Aldous Huxley del “Un Mundo Feliz”?
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