28 de septiembre de 2009

Hoy

La calidad de la programación televisiva en verano tan sólo es comparable a los productos de Lidel en rebajas. Viendo uno de estos programas en La Secta asistí patidifuso a un espectáculo lamentable. Era el bueno de Eduardo Punset en uno de sus audaces comentarios, de esos que provocan arcadas: “Antes la gente pensaba en el más allá, en si había vida después de la muerte. Y yo les dije que en lo que debíamos pensar es en si hay vida antes de la muerte…y dejarnos de las sandeces que nos han enseñado siempre” Y continúa: “Sabemos que un niño a los 3 años… Sabemos que un hombre adulto de… Sabemos… Sabemos… Sabemos…” Sabemos que el hombre, hasta que llegó Punset con su deslumbrante pensamiento anti-eternidad, se ha interrogado por las cuestiones fundamentales de la existencia, y entre ellas, qué hay después de la muerte. Es más, en la evolución intuimos que hay inteligencia en el homo cuando este intuye que lo que le rodea ha sido dispuesto de forma inteligente por entidades desconocidas. Es decir, las inquietudes del hombre lo trascienden a él y a su propia vida (esa que Punset proclama como la única digna de atención). Así pues, y ante la evidencia científica, invitamos públicamente a Punset a que vuelva a formar parte del género humano al cual, por los ligeros atisbos de humanidad que intuimos en su rostro, creemos que pertenece.

Según el emperador Constantino “por más que conquiste el mundo entero, al final todo hombre posee el breve espacio de tierra que basta para cubrir su cadáver”. Si todo quedase en la tierra, oculto, incluido el inmanente pensamiento de Punset ¿qué sentido tendría? ¿Cómo se explica la sed si no existe el agua para saciarla? ¿Cómo se puede querer algo que no existe? Decía Chesterton que “todas las necesidades nobles del ser humano hablan el lenguaje de la eternidad”. Viendo que el pensamiento del científico niega categóricamente el interés de la otra vida y, por tanto, la eternidad ¿qué de noble hay en este pensamiento? Nada o muy poco. Pero tan poco en aquellos que están “muy ocupados en no hacer nada”, como decía el apóstol a los tesalonicenses. Porque siento que hay vida después de la muerte, quiero vivir intensamente. Porque los ojos de mi corazón están puestos en la eternidad, quiero vivir con el espíritu con el que Madre Teresa respondía: “¿El día más importante? HOY”.

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