Veíamos la semana pasada una foto de lo más peculiar, se anunciaba boda. En el centro de la foto, Juan Luis Cebrián, el mandamás del Grupo PRISA y por tanto de la cadena Cuatro. En la otra José Miguel Contreras, consejero delegado de La Sexta. Y es que ambos empresarios han anunciado que inician un proceso de fusión entre ambas cadenas. Bien, recordemos lo que han dicho uno del otro no hace mucho:
Cebrián: “Tenemos presentada tres querellas por estafa y apropiación indebida contra el consejero delegado de La Sexta [Contreras]. ¿Cómo vamos a sentarnos a hablar si les estamos acusando de estafa?”
Contreras: “La prepotencia, autoritarismo, soberbia y manipulación de Cebrián están dilapidando lo que ha representado históricamente PRISA”.
Es bonito dejar atrás las riñas, pero uno es puñetero y no puede dejar de dar vueltas a una cosa… si según Cebrián, el Sr. Contreras y su tropa eran una pandilla de estafadores ¿por qué pacta con ellos? Lo que es yo no querría tener socios así. Idem, del Sr. Contreras, si consideraba a los de PRISA unos manipuladores, si de verdad era así no debería querer fusionarse con ellos.
Sólo podemos sacar dos conclusiones posibles: Una, que con tal de hacer negocio estos empresarios se sientan con delincuentes – siguiendo sus tesis – o Dos, que las dos cadenas citadas recurren al ataque y a las acusaciones con tanta facilidad, que en verdad no van en serio. Yo me quedo con esta última.
Por cierto que para celebrar el feliz evento, Iñaki Gabilondo (Cuatro) y Andreu Buenafuente (La Sexta), decidieron conectar sus programas en directo. Y no se les ocurrió mejor manera de celebrarlo que – tras negar ser amigos del Gobierno - siguiendo su afición favorita: meterse con la Iglesia.
Buenafuente: “¿Crees que habrá alguna posibilidad de que el Gobierno haga las paces con la Iglesia?, yo lo veo difícil porque para eso tendrían que vivir en el mismo siglo.”
Gabilondo: “Con los actuales dirigentes de la Iglesia es muy difícil…”.
Porque, claro, de existir pelea entre Iglesia y Gobierno, que quede claro que no es por culpa del Gobierno (y que conste que no somos gubernamentales). En fin, no seamos aguafiestas y ¡Que vivan los novios!
Leandro Marín
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