26 de abril de 2009

Ahora Señor, según tu planeta

Ahora Señor, según tu planeta, estamos en la encrucijada del corazón. Cruce de caminos propuestos como alternativas, válidas todas ellas, a nuestra eterna sed. Cada cual tiene su verdad y, además, ¡todas son respetables! El momento en el que empieza la vida, la realidad de la familia o la concepción del hombre son, hoy por hoy, cuestiones relativas y variables dependiendo de quien las piense. El sueño de la democracia se extiende a campos donde la verdad, al parecer, también se vota. Las cosas lo son en tanto y en cuanto lo quiera la mayoría. Una mayoría que, lógicamente, no debe cumplir más que requisitos de edad y nacionalidad. Si el hombre siempre ha sido así, ¿por qué tantas visiones de este a lo largo de la historia? ¿Se complementan? El hombre continua siendo un misterio para si mismo.

Volviendo a la verdad, y a la verdad relativa a cada uno, ¿es esto posible? Qué duda cabe que el hombre, para ciertas cuestiones, está totalmente solo. Y que esa soledad estará para siempre pues, hay recodos del corazón únicos en cada ser. Importantes en lo particular, pero no tanto en lo general: las preguntas fundamentales. Las grandes preguntas, universales y concernientes a toda la creación, exigen respuestas de la misma naturaleza. Y he aquí el primer gran problema: la validez universal de la respuesta, por ejemplo, a la pregunta ¿qué es el hombre? Una pregunta con historia, una historia de miles de años de búsqueda, una búsqueda eterna y problemática que ha movido al ser humano por caminos infinitos y derroteros de dolor. El dolor producido por unas guerras ocasionadas por el fracaso del diálogo. No nos engañemos, para vivir en paz ambas partes deben aceptar una misma verdad. Y la verdad no es hija de su tiempo, sino nosotros.

Por ello, quien quiera bajarse los pantalones ante avatares propios de la coyuntura y le plazca perder el juicio, que lo haga. Desde aquí queremos devolver al corazón la razón y a la razón su cordialidad. Y, aunque el diálogo se vea limitado por sus mismos interlocutores, devolver a la palabra el puesto que merece en el verdadero encuentro entre las personas; por lo menos aquellas que a día de hoy, siguen con la inaudita pretensión de ser sinceros buscadores de aquello que llena el corazón y nos hace libres: la verdad.

1 comentario:

  1. Orgullos@s de ser católic@s...Mirad este vídeo!!

    http://www.youtube.com/watch?v=CTb05lWLrDM

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