Ayer escuché a una chica decir que estaba deseando que llegara el mes de septiembre. Lo dijo porque este septiembre hará un viaje con su familia con el que lleva soñando mucho tiempo. La reacción de cuantos la oyeron fue bastante previsible: pavor, desconcierto. Incluso se oyó el siguiente comentario: “¿Septiembre? Si acaso yo estoy deseando que llegue julio para que empiecen las vacaciones, y que duren eternamente”.
Reconozco que el comentario, teniendo su posible lectura simpática, que la tiene, me dejó una cierta intranquilidad: ¿Por qué?
Pregúntate tú también esto: ¿A qué tanta urgencia por descansar?
Indudablemente nos entusiasma la idea de unas “vacaciones eternas”. En estas vacaciones nos daría tiempo a dormir de modo ilimitado, a vaguear sin sentirnos mal por perder un tiempo que no tiene fin (como una tarifa plana para la pereza), a pasear con tantos amigos a los que por desgracia sólo vemos de prisa y corriendo (muchas veces, literalmente), a charlar sosegadamente y en profundidad con personas que nos importan mucho, a aprender todos los chistes que nunca hemos logrado memorizar pese a lo viejos que son, e, incluso, a tumbarnos en todas las playas del mundo rodeados por la colección completa de cuadernos de “Vacaciones Santillana” listos para mostrarlos con orgullo a cualquier curioso paseante veraniego completos y perfectos hasta su última página. Vamos, lo que son vacaciones, vacaciones.
Si lo malo no es que eso nos entusiasme (de hecho, espero que el Camino de Santiago sea para mí una porción de este añorado sueño). Lo que me deja intranquilo es la carencia que nuestra adolescente ansiedad pone de manifiesto. Atrévete a preguntarte: ¿A qué tanta urgencia por descansar?
Si tu equipo de fútbol favorito evalúa la temporada mientras la selección aterriza en suelo austriaco, ¿tú no lo vas a hacer? Si cualquiera de los establecimientos de tu barrio revisa las cuentas del curso antes de que el grueso de sus empleados emigre a lugares más templados y toma decisiones de cara al curso que viene, ¿tú en qué estás pensando?
Cientos de personas están examinándose de unos conocimientos meramente enciclopédicos, pero tú, ¿te planteas qué has echo de bueno en este curso?
Atrévete a señalar los momentos que más han merecido la pena del curso 2009-2010. Sé valiente y valora tu esfuerzo, tu disciplina, tu generosidad, tu humildad, tu calidad humana o tu capacidad para rectificar durante los pasados meses.
¿A qué tanta urgencia por descansar? ¿No recuerdas que si no se identifican los errores cometidos es imposible no volver a cometerlos?
Te lanzo este reto. Pregúntate hasta el fin. No tengas prisa por huir de tu realidad. No te auto-agredas urgiéndote a ignorar lo que es absolutamente esencial antes de embarcarte en el próximo verano. Pregúntate con toda honestidad. ¿Qué ha polarizado este curso? ¿Qué libertad te ha obtenido seguir a unos o a otros? ¿Algo de lo que has hecho en estos meses ha mejorado tu vida?
Reconozco que el comentario, teniendo su posible lectura simpática, que la tiene, me dejó una cierta intranquilidad: ¿Por qué?
Pregúntate tú también esto: ¿A qué tanta urgencia por descansar?
Indudablemente nos entusiasma la idea de unas “vacaciones eternas”. En estas vacaciones nos daría tiempo a dormir de modo ilimitado, a vaguear sin sentirnos mal por perder un tiempo que no tiene fin (como una tarifa plana para la pereza), a pasear con tantos amigos a los que por desgracia sólo vemos de prisa y corriendo (muchas veces, literalmente), a charlar sosegadamente y en profundidad con personas que nos importan mucho, a aprender todos los chistes que nunca hemos logrado memorizar pese a lo viejos que son, e, incluso, a tumbarnos en todas las playas del mundo rodeados por la colección completa de cuadernos de “Vacaciones Santillana” listos para mostrarlos con orgullo a cualquier curioso paseante veraniego completos y perfectos hasta su última página. Vamos, lo que son vacaciones, vacaciones.
Si lo malo no es que eso nos entusiasme (de hecho, espero que el Camino de Santiago sea para mí una porción de este añorado sueño). Lo que me deja intranquilo es la carencia que nuestra adolescente ansiedad pone de manifiesto. Atrévete a preguntarte: ¿A qué tanta urgencia por descansar?
Si tu equipo de fútbol favorito evalúa la temporada mientras la selección aterriza en suelo austriaco, ¿tú no lo vas a hacer? Si cualquiera de los establecimientos de tu barrio revisa las cuentas del curso antes de que el grueso de sus empleados emigre a lugares más templados y toma decisiones de cara al curso que viene, ¿tú en qué estás pensando?
Cientos de personas están examinándose de unos conocimientos meramente enciclopédicos, pero tú, ¿te planteas qué has echo de bueno en este curso?
Atrévete a señalar los momentos que más han merecido la pena del curso 2009-2010. Sé valiente y valora tu esfuerzo, tu disciplina, tu generosidad, tu humildad, tu calidad humana o tu capacidad para rectificar durante los pasados meses.
¿A qué tanta urgencia por descansar? ¿No recuerdas que si no se identifican los errores cometidos es imposible no volver a cometerlos?
Te lanzo este reto. Pregúntate hasta el fin. No tengas prisa por huir de tu realidad. No te auto-agredas urgiéndote a ignorar lo que es absolutamente esencial antes de embarcarte en el próximo verano. Pregúntate con toda honestidad. ¿Qué ha polarizado este curso? ¿Qué libertad te ha obtenido seguir a unos o a otros? ¿Algo de lo que has hecho en estos meses ha mejorado tu vida?
No hay comentarios:
Publicar un comentario