¿Qué te pasa cuándo andas distraído por la calle? Puede que no pase nada, pero lo más probable es que te acabes chocando con alguien o algo, cruces un semáforo en rojo haciendo que unos cuantos conductores desconcertados te piten, sigas caminando y pases de largo el sitio adónde tenías que ir o te tropieces. La verdad es que no es nada recomendable andar distraído por la calle y, de hecho, las madres nunca se han cansado de advertir a sus hijos acerca de estos peligros cotidianos. El típico y maternal “lleva cuidado” que siempre hemos oído de fondo al salir de casa ha resonado en nuestra cabeza más de una vez tras salir más o menos ortodoxamente de alguna situación provocada por esta patológica falta de atención nuestra…
Pues bien, tampoco es recomendable andar distraído por la vida. Y es más común de lo que parece. ¿Cuántas veces nos vamos a dormir después de una larga y dura jornada de trabajo o de estudio pensando que “sólo ha sido un lunes más”, “sólo ha sido un martes como otro cualquiera” o “menos mal que queda poco para el viernes”? ¿Cuántas veces decimos o pensamos que nuestra vida no tiene nada de interesante y que nunca o casi nunca nos pasa nada digno de contar a esos amigos o compañeros que, por lo que comentan, llevan unas vidas estupendas? La clave está en que, en realidad, no miramos. No nos fijamos bien. El problema reside en que, día tras día, nos arrastramos sin más, obviando todas las cosas pequeñas que hacen tan maravillosa la existencia de esas gentes que nosotros creemos tan maravillosas. Y esperamos. Esperamos a que pase esta fase tan aburrida de nuestra vida, a terminar este curso, a que nuestros hijos crezcan, a que sea verano. Y seguimos cruzando la calle sin mirar, chocándonos con las cosas y pasando de largo.
“Lleva cuidado”. No significa “ten miedo de todo”; significa “fíjate”, “pon más atención”. Si hacemos del tan repetido consejo materno una de las máximas de nuestra vida, empezaremos a descubrir que nuestro día a día está lleno de cosas y de detalles imperceptibles a la vista de quien va pensando en las musarañas. Si despertamos y a partir de este momento miramos de verdad, dejaremos de perdernos los regalos que llevan años acumulándose en las esquinas y estaremos preparados para disfrutarlos en cada momento.
Pues bien, tampoco es recomendable andar distraído por la vida. Y es más común de lo que parece. ¿Cuántas veces nos vamos a dormir después de una larga y dura jornada de trabajo o de estudio pensando que “sólo ha sido un lunes más”, “sólo ha sido un martes como otro cualquiera” o “menos mal que queda poco para el viernes”? ¿Cuántas veces decimos o pensamos que nuestra vida no tiene nada de interesante y que nunca o casi nunca nos pasa nada digno de contar a esos amigos o compañeros que, por lo que comentan, llevan unas vidas estupendas? La clave está en que, en realidad, no miramos. No nos fijamos bien. El problema reside en que, día tras día, nos arrastramos sin más, obviando todas las cosas pequeñas que hacen tan maravillosa la existencia de esas gentes que nosotros creemos tan maravillosas. Y esperamos. Esperamos a que pase esta fase tan aburrida de nuestra vida, a terminar este curso, a que nuestros hijos crezcan, a que sea verano. Y seguimos cruzando la calle sin mirar, chocándonos con las cosas y pasando de largo.
“Lleva cuidado”. No significa “ten miedo de todo”; significa “fíjate”, “pon más atención”. Si hacemos del tan repetido consejo materno una de las máximas de nuestra vida, empezaremos a descubrir que nuestro día a día está lleno de cosas y de detalles imperceptibles a la vista de quien va pensando en las musarañas. Si despertamos y a partir de este momento miramos de verdad, dejaremos de perdernos los regalos que llevan años acumulándose en las esquinas y estaremos preparados para disfrutarlos en cada momento.
Sencillamente
ResponderEliminarMe encantó