Seguro que llevas una vida muy complicada, ¿verdad? Tienes un montón de cosas en la cabeza, bastante tienes ya con tus problemas y sólo te faltaba esto… Pero ¿por qué tan difícil? Porque lo simple está mal visto y lo sencillo es ingenuo y “tonto”. Nos gusta pensar que todo es más oscuro de lo que parece y que un sentido oculto nos enreda en una maraña de contradicciones y dobles intenciones donde el célebre gato encerrado se pasea a sus anchas. En realidad, las cosas que parecen sencillas pueden serlo, inocentemente, y, al final, la mayoría de nuestras preguntas se responden con un “sí” o un “no” rotundo, y ya está. Eso sí, podemos darle muchas vueltas filosóficas al asunto y plantearnos la existencia varias veces, pero, no nos engañemos: nuestra decisión final va a seguir estrictamente una de las dos respuestas posibles, por más que la adornemos con “bonitas” circunstancias, influencias externas o supuestas determinaciones genéticas, que hacen que todo parezca más complejo y, por ello, más respetable y más correcto.
Vivimos en el mundo de los matices y de las “cosas intermedias”, de lo light, a falta de un término más apropiado, a las que no se puede responder con claridad, porque no se sabe cómo hacerlo o, muchas veces, porque es más seguro no intentarlo, sonreír y quedarse en el “Es que esto es muy complicado”, cambiar de tema y todos tan contentos. A estas alturas, no nos puede extrañar encontrarnos con conductas y pensamientos que no son ni buenos ni malos, sino todo lo contario y a la vez, que flotan en una nebulosa de la conciencia, que son, por supuesto, complejísimos, y que, bueno, están ahí y no nos molestan demasiado. Ya no se piensa en aquellas ideas con mayúscula; hay tantas realidades y maneras de entenderlas como individuos pensantes en el planeta. El famoso estribillo del “todo depende” nos viene muy bien. Ahora cada uno tiene su verdad, su perspectiva, su visión e incluso su mundo propio… Y cuantos más elementos, más complejidad y menos esfuerzo por responder claramente. Al fin y al cabo, la vida complicada es extraordinariamente cómoda.
Vivimos en el mundo de los matices y de las “cosas intermedias”, de lo light, a falta de un término más apropiado, a las que no se puede responder con claridad, porque no se sabe cómo hacerlo o, muchas veces, porque es más seguro no intentarlo, sonreír y quedarse en el “Es que esto es muy complicado”, cambiar de tema y todos tan contentos. A estas alturas, no nos puede extrañar encontrarnos con conductas y pensamientos que no son ni buenos ni malos, sino todo lo contario y a la vez, que flotan en una nebulosa de la conciencia, que son, por supuesto, complejísimos, y que, bueno, están ahí y no nos molestan demasiado. Ya no se piensa en aquellas ideas con mayúscula; hay tantas realidades y maneras de entenderlas como individuos pensantes en el planeta. El famoso estribillo del “todo depende” nos viene muy bien. Ahora cada uno tiene su verdad, su perspectiva, su visión e incluso su mundo propio… Y cuantos más elementos, más complejidad y menos esfuerzo por responder claramente. Al fin y al cabo, la vida complicada es extraordinariamente cómoda.
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