3 de junio de 2009

Ha sido jugando

“Polilla dice que se vive sólo una vez” dice Pinocho fumándose un puraco mientras deja que Pepito Grillo y con él su conciencia, se alejen rechazados. Lo que no sabe nuestro amigo, el hijo de Geppeto, es que en La Isla de los juegos, donde no hay que estudiar, se come y se bebe mucho y todo es gratis, los niños se convierten en burros y después se venden como mercancía a quien tenga dinero para comprarlos. Y esos niños echarán de menos su hogar y su libertad y su vida. Y a los padres que les parece fenomenal que el niño no sufra y se divierta se les acabará la gana de reírse cuando se den cuenta de que la educación no era un juego.


¿Es este el retrato de nuestra sociedad o estoy exagerando? A mí desde luego se me parte el alma cuando voy un viernes por la noche en el metro o cuando veo a los jóvenes en el parque apurándose la n-ésima copa ¿Quién os ha engañado?, pregunto en silencio. Pagará por esto. No es de recibo. Porque cuando se promete felicidad hay que asumir la responsabilidad. No puedes llenar la cabeza de la gente de ilusiones efímeras y de fantasías peliculeras. No puedes abocarles a un fracaso inevitable si no estás dispuesto a asumir las consecuencias. Abandonar y huir, dejarles solos en su fracaso. ¿Ejemplos? Se me ocurren miles. Ignoramos cuánta gente juega a que no pasa nada por respirar una atmósfera super- erotizada, por hablar, ver y recrearse en escenas que hieren la dignidad de la persona. Decía el Papa el verano pasado: “me pregunto cómo uno que estuviera cara a cara con personas que están sufriendo realmente violencia y explotación sexual podría explicar que estas tragedias, representadas de manera virtual en la televisión e internet, han de considerarse simplemente como diversión”. Ya os decía que hay miles de ejemplos parecidos: no esforzarse en los estudios o el trabajo, no rechazar ningún medio para enriquecernos mucho y rápido, evadirse de la realidad con drogas y alcohol, la píldora abortiva del día después en caso de posible embarazo, despreciar y abusar del que no está en su propio hogar… Pero en esta Isla de los juegos que nos quieren colocar tampoco las cosas son como parecen y al final, la misma escena de siempre. Burros enjaulados al servicio del poder y del dinero. Menos mal que se acercan los días de Aquel que sintió compasión, a quien se le conmovió el corazón y las entrañas porque nos veía cansados y agobiados como ovejas sin pastor. Oigamos el grito de su Corazón: ¡Venid a mí!, ¡yo os aliviaré!

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