26 de abril de 2009

¿Perdidos en el desierto?

Tú eres una pequeña parte de la Historia de la humanidad. Lo que podríamos aplicar a los grandes personajes de este mundo, del pasado y del presente, con la misma importancia que les damos y les reconocen los anales de la Historia, así de grande eres tú para Dios; así de importante es tu corazón, tu espíritu, tu persona. Así eres para Dios, que conoce cuántas neuronas te quedan, cómo fluyen en tu sistema vascular los diversos glóbulos, cómo mueren y se regeneran cada una de las células de tu ser.

Esa pequeña parte de la Historia es también la Historia de Dios, de sus hijos, como el padre incluye en la suya propia su descendencia, su prole. Ninguno carecemos de importancia. Tú eres único para él, eres su creación. Sólo si somos pequeños, comprenderemos nuestra grandeza para él. En el desierto descubriremos quienes somos. Pero podemos confundir la ausencia de todo en el desierto con querer poner la mente en blanco, o liberarnos de lo que en el día a día nos ocupa, como una huida o liberación, como un desentendimiento de nuestras obligaciones y deberes. Habremos hecho un desierto de decorado, a la medida de nuestro ego. No habremos buscado a Dios, sino nuestra paz interior, el estar bien y a gusto con uno mismo. Las claves del desierto no están en las ausencias, sino en las presencias; no en huir de nuestras propias voces o de otras, sino estar disponible para escuchar a Dios.

El desierto es el espacio, los momentos o la parte de nuestra vida donde Dios nos posee, donde vivimos sólo para él; en cada molécula de oxígeno que respiramos, en el viento o en la quietud. Nada que ver con la huida, ni la intención de buscar la bonanza y la quietud reduciendo la experiencia de Dios a un agradable paseo por la naturaleza.

La presencia de Dios, cuando nos toca en nuestro interior, en nuestro corazón, es experiencia de él. En la adoración, en la celebración, junto al enfermo, al débil o el desposeído, no es difícil para el creyente sentir a Dios, como Padre amoroso y lleno de ternura. Lo duro es buscarlo en las ausencias, ahí es donde aprendemos del desierto a tener experiencia de Dios. Lo demás es querer hacer experimentos con Dios, y a Dios nadie lo manipula.

Arsénico

2 comentarios:

  1. Antimonio y Bismuto...y firma Arsénico...me recuerda a CS Lewis y sus cartas del diablo a su sobrino...:)
    ánimo con el blog!

    ResponderEliminar
  2. "En el desierto descubriremos quiénes somos"... no digo que no... pero no entiendo qué significa.

    ResponderEliminar

Contacto

Para cualquier sugerencia o comentario o para participar en el blog, mándenos un mail a
seguntuplaneta@gmail.com